Desplazamiento Forzado en Colombia.

 Colombia es un país que ha vivido en constantes guerras, bajo este contexto de conflicto armado se han presentado toda clase de violaciones a los derechos humanos y el desplazamiento forzado no ha sido la excepción, sino que por el contrario, ha sido uno de los fenómenos que se ha dado a mayor escala. Según los datos del Centro Nacional de Memoria histórica, más de seis millones de personas se han visto forzadas a desplazarse, tanto dentro como fuera del territorio colombiano, lo cual conlleva unas consecuencias sumamente nocivas tanto en el plano nacional como internacional, acarreando consigo, además del desplazamiento, el arrebato forzoso de culturas, estilos de vida, propiedades y vidas. Además de lo anterior, las alarmantes cifras sitúan a Colombia en el segundo país en el mundo con mayor número de desplazados, tan solo después de Siria. Esas cifras son sumamente importantes, y, si bien consideramos que cada caso en particular es un universo en concreto que debe ser tratado individualmente, las cifras desde una óptica general muestran una mayor noción de la enorme problemática que realmente es. Para poder dimensionar esto, es conveniente pensar que más de seis millones de desplazados equivale a más del 50% de la población de Bogotá, o más del total de habitantes de países como Costa Rica, Croacia o Panamá. Por otra parte, según la base de datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados –ACNUR-, aproximadamente 400.000 personas han solicitado refugio, convirtiéndose así en el país con más solicitudes en América.

Por otra parte, en cuanto a las víctimas, se encuentra que estas no pertenecen a una etnia en especial, o le rinden culto a un credo, o cualquier aspecto que las diferencie específicamente, sino que mayormente son habitantes de las regiones con mayor desprotección del Estado, donde la fragilidad de la nación permite que los grupos al margen de la ley se apoderen de estas áreas –en la mayoría rurales- y siembran terror y miedo en la población civil. Estas personas, se ven obligadas a abandonar sus territorios por el conflicto bélico, temiendo por sus vidas desplazándose a las grandes urbes, donde pasan a ser parte, en la mayoría de los casos, a la población marginal, en donde su estilo de vida cambia por completo, de una vida en el campo a una vida citadina en busca de oportunidades y una mayor seguridad estatal.

Ahora bien, en el plano nacional, los desplazamientos forzados generan una crisis humanitaria crónica y sostenida, que puede profundizarse al extenderse el conflicto armado interno en el país siendo más crítica la situación al no tener la posibilidad de regresar a su lugar de origen, debido principalmente al temor por sus vidas y a no poder reclamar legítimamente sus tierras, ni cuentan con la acreditación de manera formal de los terrenos que han sido expulsados a la fuerza; forzandolos así, a tener que vivir en condiciones de alojamiento, educación y salud muy deficientes. La mayor parte se hacina en condiciones infrahumanas de vivienda, en las zonas más deprimidas de las capitales colombianas sin expectativa de que mejore su situación.

Por lo tanto, este fenómeno requiere un tratamiento agudo del Estado y una mayor concientización de sus habitantes, para que de esta manera se les brinde una verdadera protección a los desplazados, resguardando sus identidades y costumbres, evitando cualquier tipo de justificación que legitime estos hechos que atentan contra sus derechos fundamentales, permitiendo mecanismos que ayuden a restablecer el tejido social y la reinserción de estos en sus tierras y mejores condiciones en las urbes a las que se vieron obligados a marcharse. Asimismo, se debe estudiar integralmente cada caso en concreto y no simplemente pensar que hacen parte de un número más, puesto que esta mayúscula problemática  afecta de manera significativa a Colombia, tanto nacional como internacionalmente, mejorando así, las condiciones de pobreza y evitando una mayor segregación social. 

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